Receta Pata

Cómo preparar raciones de comida cocida para gatitos en crecimiento

Cómo preparar raciones de comida cocida para gatitos en crecimiento

Una tarde de neblina en el cerro, mientras pesaba el zapallo de Olivia, noté que los dos gatos observaban mi balanza con una fijeza inusual, reclamando su lugar en la cocina. Fue justo a fines de diciembre, cuando llegó ese gatito temporal que terminó desordenando mi rutina de domingo. Hasta ese momento, yo ya tenía el ritmo de la labradora dominado, pero cocinar para un felino minúsculo que está armando sus huesos y músculos es otra historia, po. No es llegar y tirar un pedazo de carne a la olla; ahí es donde una se da cuenta de que la precisión que usamos para los perros se queda corta.

Pasar de alimentar a una labradora adulta a entender las necesidades críticas de un gatito en crecimiento fue un golpe de realidad. Con Olivia, si me paso un poco con el arroz, a lo más anda con más energía en el paseo por el muelle. Con un gatito, el margen de error es mínimo. Me pasé la mitad de enero leyendo los materiales de los cursos de Hotmart que había comprado (el de Placer Felino me salvó la vida) porque me dio terror que le faltara algo esencial. Lo primero que aprendí es que ellos necesitan una humedad cercana al 75% en su dieta natural para no terminar con problemas renales años después, algo que el alimento seco de marcas como Royal Canin —que dejé de comprar porque a Olivia le daba unos gases fatales— simplemente no ofrece de la misma forma.

El desafío de la taurina y el calor

Pollo apenas cocido al vapor para preservar la taurina esencial para gatitos

Aquí es donde casi meto las patas al principio. Resulta que los gatos son carnívoros estrictos y dependen de la taurina, un aminoácido que ellos no fabrican. Si cocinas la carne hasta que parece charqui de la Ligua, destruyes la taurina. Mi error fue pensar que 'bien cocido' era 'más seguro'. El resultado de mi primer intento a mediados de marzo fue una pechuga de pollo tan seca que el pobre gato me miró con cara de '¿esto es una broma, Adriana?'.

Lo que me salió mal aquí: Hervir el pollo por media hora. Error garrafal. Ahora lo que hago es un blanqueado rápido o una cocción al vapor muy corta, lo justo para matar bacterias pero dejando el centro apenas rosado o muy jugoso. Si cocinas en exceso las proteínas, estás degradando ese nutriente crítico. Aprendí a usar el agua de esa misma cocción para reincorporarla a la ración, porque ahí queda mucha de la taurina que se escapa con el calor. Si ves que le cuesta la transición, puedes probar con cómo preparar sopas nutritivas para gatos que beben poca agua para ir abriendo el apetito y asegurar esa hidratación.

La balanza no miente (ni perdona)

A diferencia de Olivia, que se come hasta una piedra si tiene olor a pollo, el gatito era mañoso. Fue un sábado por la mañana, hace un par de meses, cuando entendí que la textura lo es todo. El hígado de pollo, por ejemplo, es fundamental pero en exceso da una diarrea que no le deseo a ningún vecino del edificio. Por eso me obsesioné con por qué empezar a pesar comida casera para mascotas cada semana, porque con los gatos no hay margen de error. Un par de gramos extra de hígado y tienes un problema; un par de gramos menos de calcio y sus huesos no van a aguantar sus saltos por las repisas.

Para un gatito que crece, la relación calcio-fósforo debe ser de 1.2:1. Yo no soy veterinaria ni tengo un laboratorio en el departamento, así que me apoyo en la cáscara de huevo molida (secada al horno y pulverizada hasta que parece harina) y en las guías que ya vienen calculadas. No trato de inventar la rueda. Un gatito puede requerir hasta el doble de energía por gramo de peso que un gato adulto, así que su ración debe ser densa. En mi cocina, eso significa asegurar al menos un 30% de proteína cruda en base seca, algo que mido a ojo de buen cubero con mis tazas, pero siempre validando con la gramera para no pifiarle a lo importante.

Ingredientes básicos del Mercado Cardonal

Balanza de cocina pesando ración de pollo y zapallo con gatos esperando

Mis raciones suelen llevar pollo (pechuga o trutro corto sin hueso), un poco de hígado de pavo (que en el Jumbo de la Avenida Argentina a veces está a buen precio) y un toque de zapallo o zanahoria. El zapallo lo cocino hasta que se deshace, porque si encuentran el trozo grande, lo escupen. La neofobia alimentaria es real: si no les presentas texturas distintas antes de los seis meses, después no te aceptan ni un pedazo de salmón premium.

Lo que me salió mal aquí: Una vez intenté meterle pescado blanco que compré en la Caleta Portales. El olor impregnó las cortinas por dos días y el gatito ni lo tocó. Resulta que el pescado muy fuerte puede ser demasiado para sus narices sensibles si no están acostumbrados. Desde entonces, me quedo con el pollo y el pavo, que son más neutros. Mezclo todo en un bol grande: la carne apenas cocida, el puré de zapallo, el calcio y un chorrito de aceite de pescado (omega 3) al final, nunca en el fuego porque se oxida.

El ritual del domingo en el cerro

Recipientes de comida casera para gatos preparados para la semana en el cerro

A mediados de este invierno, mi rutina ya estaba aceitada. El vapor del pollo recién cocido empañando el vidrio de la ventana mientras las luces del puerto de Valparaíso comienzan a encenderse es mi señal de que la semana está organizada. Es un momento de paz, a pesar del olor a hígado. Lo más divertido es ver a mis dos gatos atigrados olvidando su enemistad fingida para sentarse en perfecta simetría frente a la balanza de cocina, esperando que caiga algún trocito de carne.

Para armar las porciones, uso esos Tupperware chiquitos que caben justo en la palma de la mano. No lleno la olla hasta arriba como con la perra; para los gatos hago raciones de 'un puñado' que voy congelando. La clave es el entibiado. Nunca les des la comida fría del refrigerador; el aroma se activa con el calor. Yo pongo el recipiente en un poco de agua caliente un par de minutos antes de servir. El sonido de la tapa de plástico al abrirse es el único lenguaje que todos en esta casa entienden al tiro.

Consideraciones finales para el crecimiento

Gatito pequeño disfrutando de su ración de comida casera cocida

Si estás pensando en saltar del alimento seco a lo cocido, por favor, conversa primero con tu veterinaria de cabecera en la clínica cerca de Plaza Aníbal Pinto o donde sea que lleves a tus bichos. Yo tengo cero formación médica; solo soy una editora que se cansó de ver a sus mascotas con malestar estomacal. Lo que sí te puedo decir es que ver a un gatito crecer con energía, con el pelo brillante y sin ese olor fuerte en el arenero que deja el pienso barato, vale cada minuto de picar carne los domingos.

Si ya le agarraste el gusto a esto de cocinar, a veces también les hago algo extra, como cuando escribí sobre cómo preparar snacks caseros para gatos con ingredientes de mi cocina para esas tardes donde se ponen especialmente pesados pidiendo comida. Al final, cocinar para ellos es una forma de cuidarnos nosotros también. En este departamento del tercer piso, entre el ruido de los troles y el viento del mar, el orden se mantiene gracias a una balanza, un poco de zapallo y el hambre voraz de tres animales que saben que el domingo es el día más importante de la semana.

Nota: Para que quede claro: lo que lees aquí es mi propia perspectiva -- no es consejo profesional. Para temas de salud o dinero, pide siempre la opinión de un profesional que conozca de verdad tu situación.

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